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HERMANOS MAYORES

Muchos se preguntarán quién es un guía extraterrestre o hermano mayor y cuál es su función o interés para con el Hombre. Dejemos que sea la propia Guía Anitac, proveniente de nuestro vecino Venus, quien nos oriente con humildad y sabiduría sobre sus roles de mensajeros galácticos dispuestos por las Grandes Mentes del Universo.

Un Guía Extraterrestre es un ser de otro mundo que por amor se solidariza con la humanidad de vuestro planeta, y que con consciencia y responsabilidad está dispuesto a servir a un plan mayor, orientando a aquellos seres humanos que vibratoriamente tienen la capacidad de entrar en sintonía con una misión, que sirva como una reacción en cadena despertando otras mentes y corazones.

 

 
Un guía es un orientador, un emisario de altas jerarquías, con las que a su vez él está en contacto. Y así, con semejante inspiración mantienen su cercanía con los misioneros en el mundo, alentándolos en una motivación continua de consejos prácticos, reflexiones y pautas diversas.
Hay que saber distinguir entre un guía espiritual y un guía extraterrestre. Un guía extraterrestre no es personal, sino colectivo. Hay guías de grupos, ciudades y países. Y están dedicados a orientar en función de misiones de contacto específico.

Son muchos los planetas de nuestro Universo y de los demás universos de orden superior e inferior, incluyendo los de signo negativo, que tienen habitantes. Nos referimos, por supuesto, a habitantes creados como los hombres “a imagen y semejanza de Dios”, ya que planetas con vida más o menos primitiva del tipo de la animal o vegetal hay muchísimos más.
Las características físicas de estos hombres están lógicamente condicionada por las circunstancias ecológicas de sus respectivos hábitats, pero algo tienen que es común a todos: todos poseen discernimiento, libertad y voluntad y todos son conscientes.Y algo más tienen en común: A ninguno de ellos se le ocurrió, como a Adán, romper relaciones con el Padre.

El grado de evolución de estos seres es muy diverso. Los hay que recién están en el despertar de su conciencia y son poco más que animalitos que poco a poco empiezan a descubrirse a sí mismos, y los hay también que han recorrido trechos enormes y se encuentran en un estadio muy cercano a la perfección.

En todos los casos, estando unidos al Padre y cumpliendo ellos la parte correspondiente al Plan original, su vida se desliza en medio de felices expectativas descubriendo a cada momento nuevas maravillas que el Padre ha hecho y ha puesto en su camino para que aprendan a conocerlo y amarlo como Él los conoce y los ama.

A todos les dio el mismo mandamiento al crearlos: “Creced y multiplicaos. Henchid la tierra y dominadla". A todos, pues, los hizo sus colaboradores, participantes activos en la dilatación de su gloria.

A todos les puso una condición que cumplir, sólo una, para que la libertad tuviera existencia real. Esta condición ha sido, hasta ahora, cumplida por todos, menos por nosotros.

A todos los hizo herederos de esa gloria imperecedera, recreada permanentemente con la libre y consciente participación de cada uno, y a la que cada uno llega luego de cumplir sin angustias ni zozobras la tarea impuesta por el Padre como justa y meritoria parte en la tarea común.

Así es común que asocien la bondad de un pueblo con su grado de evolución. Por ser muy evolucionados, por tener una tecnología muy avanzada, por disponer de fuentes energéticas de ilimitado poder, por ello, son buenos, pacíficos, tolerantes. Nada más falso. La historia humana debiera bastar para negar este aserto. Si tales pueblos tienen semejantes virtudes es por la única y sencilla razón de que permanecen unidos al Padre.

También es común que, ante la sospecha de algún cataclismo cósmico, se le atribuya el ser consecuencia de alguna acción de guerra entre beligerantes espaciales.

Así, para un escritor suizo de señalado éxito literario y cinematográfico, los asteroides serían restos de un planeta que saltó en pedazos destruido por un pueblo en despiadada guerra de exterminio, contra otro. También esto es falso: la guerra es un producto exclusivamente terráqueo y consecuencia directa del pecado.

Este problema de los asteroides y su origen ha dado lugar a las más variadas conjeturas. Para otro autor, amigo y confidente de un actual habitante de Ganímedes, el 5° planeta, el ubicado entre Marte y Júpiter, estalló no por acción de guerra sino por circunstancias naturales y fue, precisamente, el conocimiento previo de tales circunstancias, lo que obligó a sus habitantes a emigrar al satélite de Júpiter.

Unos y otros de los autores que se ocupan de este tema, y no me refiero a los novelistas de ciencia–ficción, han descubierto distintas formas de intervención de los extraterráqueos en la vida de los hombres. Se les atribuye, por ejemplo, el ser los autores de las pirámides de Egipto, o, por lo menos, los que aportaron los conocimientos y el instrumental necesario para su construcción. También serían los constructores de las edificaciones mayas y aztecas, y los que colocaron en su sitio las cabezas de la isla de Pascua, y cosas como esas.

Es cierto que son muchos los misterios arqueológicos y es comprensible la tentación de atribuir a “habitantes de otros planetas" cualquier cosa rara que no sepamos explicar.

Pero ello tiene el grave inconveniente de confundir lo verdadero con lo falso, cosas que son comprobadas con otras que no lo son, y así alejarnos las más de las veces de la verdad en lugar de acercarnos a ella.

Algunos autores, como nuestro amigo el suizo, desean encontrarle explicación "natural" a todo y para ello no encuentran mejor manera que el atribuir condiciones prácticamente "sobrenaturales" a nuestros hermanos extraterráqueos. Así, para él, ellos serían los "dioses" que crearon al hombre "a imagen y semejanza" al haber provocado, con sus grandes conocimientos genéticos y sus maravillosas posibilidades técnicas, la evolución del mono.

Otros autores prefieren "espiritualizarlo" todo y para ellos los extraterráqueos son una especie de ángeles o de “sutiles formas cerebrales" que a fuerza de pensamiento se comunican con algunos elegidos de entre nosotros, viajan por el espacio y todo eso.

Pues bien, sépase que todo esto es exagerado y poco serio: los extraterráqueos son hombres, hijos de Dios como nosotros, más o menos evolucionados, con más o menos recursos técnicos, pero hombres al fin.

 

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