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Tan interesante personaje fascinó al siglo XVIII, época en que
la gente de alta sociedad investigaba mucho sobre Magia,
Alquimia y Astrología. Las secretas logias masónicas se habían
multiplicado por toda Europa, lo cual significaba un peligro
para los reyes y el alto clero. Por esto, las principales de
ellas fueron cerradas debido a órdenes del rey Luis XV de
Francia en 1730. Reyes europeos y altas personalidades de la
nobleza gastaban sumas considerables de dinero en sus
investigaciones sobre la Alquimia, Magia y Ocultismo, buscando
la Piedra Filosofal, el secreto de la eterna juventud, etc.
La vida de la
corte y de la aristocracia transcurría en un ambiente de lujo
refinado, relajación moral e interés por las misteriosas
Ciencias Ocultas. Por entonces y en 1758, apareció en Francia el
Conde de Saint Germain procedente de Holanda, Inglaterra y
Alemania, países visitados por él en discretas misiones
políticas ya que requerían de sus servicios altas personalidades
del Gobierno en distintas naciones.
Era un hombre
elegante, educado, considerado muy rico por la gente; aunque
había gran curiosidad porque se desconocía el origen de su
considerable fortuna y donde estaba depositada. También se
ignoraba su nacionalidad y su origen, si era español, italiano,
alemán, francés, polaco, holandés e incluso egipcio. Tantas
nacionalidades le atribuían porque hablaba a la perfección las
más conocidas lenguas europeas: Francés, inglés, italiano más el
chino, árabe y sánscrito.
Saint Germain
asombraba y desconcertaba a la nobleza no sólo por su gran
erudición y su fácil palabra sino por el misterioso atractivo
que envolvía a su persona. Se decía de él que no permanecía
mucho tiempo en un mismo lugar y que desaparecía discretamente
sin avisar. Vivía en toda Europa; pero, cuando se cansaba, se
iba al Tibet, a Africa, México y Turquía. En aquellos tiempos en
los que viajar no era tan fácil como ahora, este hecho resultaba
muy sorprendente.
Igualmente
asombraba su aspecto de permanente y radiante juventud. Algunos
pensaban que el Conde de Saint Germain tenía 300 años, 150 o 160
quizás y que se rejuvenecía cuando era demasiado viejo. También
resultaban muy sorprendentes sus vastos conocimientos y
aptitudes no sólo para la Política sino para las Artes, las
Ciencias, la Poesía, la Medicina, la Química, la Música y la
Pintura. Tocaba el violín con destreza, cantaba, era compositor
de varias partituras exitosas, pintaba cuadros históricos y
naturales de gran calidad. Tenía una prodigiosa memoria para
recordar interesantes datos de tiempos pasados, sabía
Psicometría, podía domesticar a las abejas y amansar a las
serpientes por medio de la música. Era un natural clarividente
con gran facilidad para leer en los rostros de las personas por
lo cual comprendía todo con gran rapidez.
Poseía la
rara cualidad de ser ambidextro; pero además podía escribir con
las dos manos a la vez un texto auténtico. No profesaba religión
alguna por lo cual fue censurado de materialista. Se rumoreaba
que se alimentaba de gotas de oro líquido, pues nadie lo había
visto comer o beber ni aún en los banquetes donde era invitado,
lo cual bien podía ser una fantasía de las muchas que se
propagaban sobre su persona. Tampoco se le conocían relaciones
amorosas, si tenía familia e hijos. Fabricaba diamantes y
piedras preciosas sacándolas de la nada; aunque, privada y
discretamente. Quitaba las manchas oscuras a los diamantes y los
producía él mismo para regalarlos.
¿Quién era
ese enigmático personaje que asombraba tanto a la nobleza de
distintos países? Se desenvolvía en altos medios sociales. Al
llegar a Francia, logró la amistad personal del rey Luis XV y de
su amante o favorita, Madame la Pompadour, quienes lo apreciaban
mucho. Esto ocasionó bastante rechazo y envidia de los
cortesanos, en parte de la aristocracia y dio lugar a una
persecución ensañada procedente de peligrosos detractores que lo
atacaban, lo calumniaban como, por ejemplo: El depravado
Casanova, considerado un "don Juan", Cagliostro, el Duque de
Choisseul y el señor D'Affy, quienes lo llamaban charlatán,
impostor, aventurero e insolente. Por ello, vemos que el Conde
de Saint Germain era tanto amado como odiado, que la gran
admiración y respeto tenía su contraparte como siempre sucede
con los personajes brillantes y valiosos.
Para más
difamarlo, le crearon un doble pagando altas sumas de dinero a
un cómico llamado Gower que se le parecía mucho y lo imitaba a
la perfección. Esto era para dejarlo en ridículo con una sátira
grotesca, pues Gower se pavoneaba por los salones de la alta
aristocracia diciendo que había conocido a Jesucristo, a la
Virgen María, a Poncio Pilatos y contando historias que
desprestigiaban al Conde de Saint Germain. Con ese papel tan
bien estudiado, el cómico se sentía feliz porque, ganaba mucho
dinero. No se sabe como, de pronto, Gower desapareció de Francia
sin que se supiera que nadie lo hubiera amenazado. A la labor de
ese ser, se deben muchas de las calumnias y falsas historias que
todavía persisten, incluso escritas en los libros como datos
históricos.
Para explicar
los orígenes del Conde de Saint Germain, de donde él procedía,
había varios relatos. Se rumoreaba que era hijo natural (un
bastardo) de la reina Ana de Neuburgo, viuda del rey Carlos II
de España; pero igualmente le atribuían su paternidad a
poderosos señores, reyes y personajes importantes de entonces.
También se decía que era hijo del rey Rackoczy de Transilvania y
de su primera esposa Teleky, lo cual es más verosímil. Sobre su
permanente juventud, sucedió un hecho algo insólito: La condesa
Gergy lo había conocido en Italia hacía cincuenta años. Cuando
lo volvió a ver en Francia, ella había envejecido mucho; pero él
se conservaba con la misma juventud de entonces, lo cual asombró
bastante a esta noble señora.
Con respecto a la intriga de su nacionalidad y su origen, la
princesa Amelia, hermana de Federico II, le preguntó un día: ¿De
qué país es usted? El le contestó: "Soy, señora, de un país que,
por lo soberano, jamás ha tenido hombres de origen extranjero",
lo cual la dejó más confundida que antes. Se le conocen
distintos nombres con los que se identificaba cuando visitaba
los países europeos, porque se conservan datos históricos de
ello en distintas épocas.
Marqués de
Montferrat, Marqués de Aymar, Conde de Belmar, de Soltikov, de
Wendome, de Monte Cristo y de Saint Germain, Caballero de
Schoening, Monsieur Surmont, Zanonni y Príncipe Rackoczy, lo
cual indica que él fue diferentes personajes sucesivos teniendo
el mismo rostro y aspecto personal
En 1784, se
anunció oficialmente su muerte en Silesia (Prusia), hasta se
enterró su cadáver y le hicieron funerales civiles, porque la
iglesia le negó los religiosos; pero, un poco más tarde (1789)
volvió a reaparecer en Francia donde conoció a la reina María
Antonieta e incluso participó en la Revolución Francesa. También
realizó una importante labor política de liberación durante la
Revolución Rusa, en el reinado de Pedro III y Catalina II.
Nunca se
preocupó por sacar provecho personal a sus inventos e
investigaciones cuyo provecho ofrecía generosamente a las cortes
de Europa, cuando reyes y altos personajes lo apoyaban para
montar sus fábricas y manufacturas. Por esta razón, residió en
el castillo de Chambord, junto al río Loira, transitoriamente y
poco después de haber conocido a Luis XV. Se presentó ante él
como negociante en tintes para telas, cerámica y sedas pues
fijaba los colores de manera tan asombrosa que ni el aire y la
lluvia los podían dañar, lo cual era muy sorprendente por
entonces. También fabricaba bellos sombreros y trabajaba en la
industria de cueros y aceite comestible.
Practicaba
también la Medicina de manera no común, en forma discreta y
cuando se lo pedían. Se sabe que revivió a una joven que se
envenenó para salvar su honor en el Parque de los Ciervos donde
el libertino Luis XV tenía sus aventuras con jovencitas
adolescentes, engañadas o compradas por dinero. Ante este hecho
insólito, el Rey la dejó en paz. También se conoce que curaba la
ceguera y la sífilis y que asistió a la batalla de las Pirámides
acompañando a Napoleón con el nombre de señor Hompesh; pero ni
una bala lo alcanzaba. Este hombre-milagro que no moría jamás y
era imperturbable ante los peligros, que había vencido la vejez
y la muerte, fue un misterio durante mucho tiempo pues los
relatos históricos hablan de él en distintas épocas. Sin
jactancia ni vanagloria, era reconocido y respetado por sus
grandes cualidades e insólitos poderes; aunque también contaba
con muchos enemigos y detractores.
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