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HIPNOSIS - REGRESIONES
¿QUE ES
HIPNOSIS?
Muchas personas solo conocen la hipnosis por
medio de espectáculos teatrales o televisivos en
donde alguien con poderes sobrenaturales actúa
sobre la voluntad de otro. En estos espectáculos
todos los que se presentan junto al hipnotizador
caen en trance sin excepción.
Mas,
realmente lo que sucede es que ningún
hipnotizador tiene el poder de hacer entrar en
trance a toda una sala de teatro o todos los que
estén mirando televisión en ese preciso
instante. Lo que ocurre es que previo a la
presentación ante el público "se ensaya" a un
reducido grupo de personas que deseen y que sean
hipnotizables.
La hipnosis
es un estado entre la vigilia y el sueño en
donde el cerebro se encuentra a menos de 8 Hz o
ciclos por segundo de ondas cerebrales. Por
regla general para ser hipnotizado tiene que
existir el consentimiento previo, nadie puede
ser hipnotizado si no se desea y otra regla es
que todos somos hipnotizables. Sin embargo
existen excepciones, nos hemos encontrado que
personas aun deseando no pueden ser hipnotizadas
y otras que no deseando si son hipnotizadas,
ello depende de la energía que posea determinada
persona, ya que participa un entorno energético
siempre.
EL TRANCE HIPNÓTICO
El estudio de los fenómenos hipnóticos
pertenece hoy día por entero al dominio de la
psicología normal, siendo muy numerosos los
artículos que en sus principales revistas
especializadas, científicas y médicas, se
publican sobre la hipnosis. Ha ayudado a ello la
disponibilidad creciente de instrumentos y
métodos aptos para discernir entre lo que hay en
la hipnosis de realidad fáctica y de exageradas
pretensiones. Por supuesto que no han
desaparecido los espectáculos de "hipnosis
teatrera", de mero entretenimiento; pero los
nuevos datos revelan que la fuerza de la
sugestión hipnótica, cuando se utiliza
correctamente, puede alterar procesos
cognoscitivos tan distintos como la memoria y la
percepción del dolor.
Para estudiar
bien un fenómeno ha de disponerse ante todo de
una manera de medirlo. La vara de medir en el
caso de la hipnosis son las escalas de
susceptibilidad hipnótica de las diversas
personas, de gran tradición en la disciplina
desde sus comienzos en el siglo xix, siendo las
más usadas actualmente las escalas Stanford.
Ideadas a finales de los años 1950 por los
psicólogos de la Universidad de Stanford André
M. Weitzenhoffer y Ernest R. Hilgard, siguen
usándose actualmente para determinar hasta qué
punto un sujeto responde a la hipnosis. Una de
sus versiones consiste en una serie de 12
actividades que indican la profundidad del
estado hipnótico. Ejemplos de ellas son mantener
en alto un brazo extendido u oler los contenidos
de una botella. En el primer caso se le dice al
sujeto que ha de sostener con su brazo extendido
una bola muy pesada; se le da por "receptivo" de
esta sugestión si su brazo se inclina bajo el
imaginado peso. En el segundo caso se le dice
que no tiene sentido del olfato y luego se le
pasa un frasco de amoníaco por debajo de la
nariz; si no reacciona, es muy sensible a la
hipnosis; si hace muecas de asco y se aparta, no
lo es.
La puntuación en las escalas Stanford va del 0,
para los que no responden a ninguna de las
sugestiones hipnóticas, al 12, para los que las
encajan todas. La mayoría de la gente puntúa en
medio de la escala (entre el 5 y el 7) y el 95%
de la población puntúa por lo menos 1.
LO QUE LA
HIPNOSIS ES
Investigadores con muy diferentes perspectivas
teóricas concuerdan hoy sobre varios principios
fundamentales de la hipnosis. El primero es que
la capacidad individual de responder a la
hipnosis es notablemente estable durante el
período adulto. Hilgard realizó un estudio a
largo plazo en el que se volvió a someter a las
pruebas a los mismos sujetos durante muchos
años, con el resultado de que las puntuaciones
obtenidas según las escalas eran casi las mismas
que hacía 10, 15 o 25 años. Varios trabajos han
confirmado que la puntuación Stanford de una
persona permanece tan constante a lo largo de su
vida, como la del CI, si no más. Las pruebas
indican además que la sensibilidad a la hipnosis
puede tener un componente hereditario. Es más
probable que los mellizos idénticos obtengan
similares puntuaciones Stanford que no los que
no lo sean, aunque tengan el mismo sexo.
La
sensibilidad de una persona a la hipnosis
permanece también constante frente a las
características del hipnotizador. La edad y la
experiencia de éste influyen poco o nada en que
un sujeto pueda ser hipnotizado, como tampoco lo
hace que sea hombre o mujer. Tampoco el éxito de
la hipnosis depende ni de que el sujeto esté muy
motivado ni de su particular voluntad. A un
sujeto muy sensible se le podrá hipnotizar en
muy diversas circunstancias experimentales o
terapéuticas, mientras que otra persona menos
susceptible no quedará hipnotizada por mucho que
se esfuerce en lograrlo. Las actitudes y las
expectativas negativas pueden, con todo,
dificultar la hipnotización.
Varios
estudios han demostrado también que la
hipnotizabilidad no está en relación con
características tales como la credulidad, la
histeria, la psicopatología, la confianza, la
agresividad, la sumisión, la imaginación o el
conformismo social. Resulta interesante en
cambio que se encuentre relacionada con la
capacidad de la persona para dejarse absorber o
ensimismarse en actividades como la lectura, la
audición de música y el soñar despierto.
Los sujetos
hipnotizados no se comportan cual pasivos
autómatas, sino que son más bien activos
resolutores de problemas, incorporando a su
conducta sus ideas morales y culturales y
mostrándose sumamente sensibles respecto a las
expectativas expresadas por el hipnotizador.
Pero el comportamiento que hipnóticamente se le
indica no lo experimenta el sujeto hipnotizado
como algo que él esté realizando activamente. Lo
típico es que le parezca algo en lo que él no
pone ningún esfuerzo, algo que sucede por sí
solo, sin más. Los que están en estado hipnótico
suelen decir cosas como "la mano se me ha vuelto
pesada y se me ha bajado" o "de repente he
notado que no siento ningún dolor". Muchos
investigadores creen ahora que la hipnosis
consiste, en el fondo, en estos tipos de
desconexiones. Respondiendo a la sugestión, los
sujetos hacen movimientos sin intencionalidad
consciente, dejan de sentir estímulos muy
dolorosos y olvidan temporalmente datos que les
son familiares. Claro que cosas así suceden
también fuera de la hipnosis... a veces en la
vida diaria y, más dramáticamente, en
determinados trastornos psiquiátricos y
neurológicos. Valiéndose de la hipnosis se crean
temporalmente en el laboratorio alucinaciones,
compulsiones, ciertos tipos de pérdida de
memoria y diversas ilusiones, de modo que estos
fenómenos pueden estudiarse de forma controlada.
LO QUE LA
HIPNOSIS NO ES
A
medida que se va sabiendo más acerca de la
hipnosis se descubren también cosas que disipan
algunas reticencias sobre esta técnica. Una de
las objeciones contra ella es la de que consiste
simplemente en una imaginación muy viva. En
realidad no parece que sea así. Muchas personas
muy imaginativas no son buenos sujetos
hipnóticos y no se ha podido encontrar relación
alguna entre ambas características.
El cargo a la
imaginación proviene de que a muchas personas
hipnotizables se les puede inducir a que
experimenten alucinaciones auditivas y visuales
con gran verosimilitud. Pero un elegante estudio
que ha empleado tomografía de emisión de
positrones (PET), con la que se mide
indirectamente el metabolismo, ha demostrado que
las regiones del cerebro que se activan cuando
al sujeto se le pide que se imagine un sonido
son distintas de las que se activan cuando está
alucinando por efecto de la hipnosis.
Henry
Szechtman y sus colaboradores usaron PET en 1998
para estudiar la actividad cerebral de sujetos
hipnotizados a los que invitaban a imaginarse un
escenario y que luego experimentaban una
alucinación. Los investigadores partían del
hecho de que la alucinación auditiva y el acto
de imaginarse un sonido son ambos fenómenos que
se autogeneran y que, igual que la audición
real, una alucinación se experimenta como
proveniente de una fuente externa. Registrando
el flujo sanguíneo local de las zonas activadas
durante la audición real y durante la
alucinación auditiva, pero no durante la simple
imaginación, trataron de determinar en qué parte
del cerebro se "etiqueta" erróneamente como
auténtico y originado en el mundo exterior un
sonido que no es sino alucinación auditiva.
Examinaron la
actividad cerebral de ocho sujetos muy
hipnotizables y seleccionados previamente por su
capacidad para alucinar bajo la hipnosis. Los
sujetos estaban bajo hipnosis y yacían en el
escáner PET con los ojos cubiertos. Se
registraba la actividad de sus cerebros bajo
cuatro condiciones: en reposo; durante la
audición de una cinta en la que una voz grabada
decía: "El hombre no hablaba mucho, pero cuando
lo hacía valía la pena escuchar lo que decía";
mientras se imaginaban estar oyendo de nuevo esa
voz; y durante la alucinación auditiva que
experimentaban tras habérseles dicho que la
cinta estaba funcionando otra vez, aunque no era
cierto.
Las pruebas
demostraron que una región del cerebro llamada
córtex cingulado anterior derecho estuvo igual
de activa cuando los sujetos alucinaban que
cuando oían realmente el estímulo, mientras que
no lo estaba cuando se imaginaban oírlo. Es como
si la hipnosis hubiese liado de algún modo a esa
región del cerebro para hacerla tomar como
auténtico sonido lo que no era más que
alucinación auditiva. Otra objeción de los
críticos contra la hipnosis atañe a la capacidad
de ésta para embotar el dolor. Los escépticos
han argüido que tal embotamiento es o un efecto
resultante de la simple relajación o la
respuesta a un placebo. Pero unos cuantos
experimentos han dado al traste con estas
explicaciones. Thomas H. McGlashan y sus colegas
realizaron en 1969 un estudio ya clásico cuyo
resultado fue que la hipnosis resultó tan eficaz
reductora del dolor para unas personas poco
hipnotizables como una píldora azucarada que se
les había hecho creer que era un poderoso
analgésico, si bien los sujetos muy
hipnotizables se beneficiaron de la hipnosis el
triple que del placebo. Hilgard y Éva I. Bányai
observaron en 1976 que sujetos que pedaleaban
vigorosamente sobre bicicletas estacionarias
respondían a las sugestiones hipnóticas
exactamente igual que cuando se les hipnotizaba
estando arrellanados en un cómodo asiento.
Pierre
Rainville y sus colaboradores se propusieron
averiguar en 1997 qué estructuras cerebrales
intervienen en el alivio del dolor durante la
hipnosis. Trataron de localizar las estructuras
cerebrales asociadas al componente del
sufrimiento del dolor en cuanto distinto de sus
aspectos sensoriales. Empleando PET, hallaron
que la hipnosis reducía la actividad del córtex
cingulado anterior —zona, ya se sabe, implicada
en el dolor— pero no afectaba a la actividad del
córtex somatosensorial, donde las sensaciones de
dolor son procesadas. Pese a estas
averiguaciones, los mecanismos subyacentes al
alivio del dolor durante la hipnosis son aún
poco conocidos. La mayoría de los investigadores
se inclina a creer que el efecto analgésico de
la hipnosis tiene lugar en centros cerebrales
superiores a los implicados en el registro de la
sensación dolorosa. Esto explicaría el hecho de
que la mayor parte de las respuestas autonómicas
que generalmente acompañan al dolor —tales como
la aceleración del ritmo cardíaco— se vean poco
o nada afectadas por las sugestiones hipnóticas
de analgesia. Pero ¿no podrían los sujetos estar
fingiendo que se les había hipnotizado? Dos
estudios clave han puesto fin a esas sospechas.
En un
ingenioso experimento de 1971 intitulado ‘El
hipnotizador que desaparece, Frederick Evans y
Martín T. Orne compararon las reacciones de dos
grupos de sujetos, formado uno por personas que
se sabía que eran verdaderamente hipnotizables y
otro por personas a las que pidieron que
simulasen que se las hipnotizaba. Un
experimentador que no sabía con qué grupo estaba
tratando puso en práctica un rutinario
procedimiento hipnótico que fue de pronto
interrumpido por un apagón de luz ficticiamente
accidental. Cuando el experimentador salió de la
habitación para ver qué ocurría, los sujetos que
estaban simulando hipnosis dejaron
inmediatamente de hacer comedia: abrieron los
ojos, miraron en derredor y dieron fin a la
simulación en todos los aspectos. En cambio, los
sujetos realmente hipnóticos fueron saliendo,
despacio y con alguna dificultad, pero por sí
mismos, del estado de hipnosis. Los simuladores
tienden también a interpretar exageradamente su
papel. Cuando a estos sujetos se les propone que
olviden ciertos aspectos de la sesión de
hipnosis, sus declaraciones de que no recuerdan
son a veces, por ejemplo, omniabarcadoras y muy
tajantes, o aseguran tener extrañas experiencias
de las que nunca o en muy raras ocasiones hablan
los sujetos realmente hipnotizados. Taru
Kinnunen, Harold S. Zamansky y sus colaboradores
han sometido a unos simuladores a la tradicional
prueba detectora de mentiras. Y han comprobado
que cuando los sujetos realmente hipnóticos
responden bajo hipnosis a las preguntas sus
reacciones fisiológicas cuadran con los
criterios de veracidad, mientras que las de los
simuladores no lo hacen.
LA HIPNOSIS Y
LA MEMORIA
Puede que en ninguna otra cuestión haya generado
la hipnosis más controversia que en la de la
"recuperación" de la memoria. La psicología
tiene establecido que los seres humanos son
bastante capaces de discernir si un suceso ha
ocurrido realmente o si sólo se lo han
imaginado. Pero en algunas circunstancias nos
falla tal discernimiento: podemos llegar a creer
(o ser inducidos a creer) que nos ha ocurrido
algo, sin que en realidad haya sido así. Uno de
los indicios clave al que los seres humanos
parecen recurrir para hacer la distinción entre
lo real y lo imaginado es el de la experiencia
del esfuerzo. Parece como si, al codificar un
recuerdo, una ‘etiqueta’ nos indicase la
cantidad de esfuerzo empleado: si el evento es
etiquetado como habiendo supuesto por nuestra
parte una buena proporción de esfuerzo mental,
tendemos a interpretarlo como fruto de nuestra
imaginación; si es etiquetado como habiendo
requerido relativamente poco esfuerzo mental,
tendemos a interpretarlo como algo que nos
ocurrió en realidad. Dado que un importante
distintivo de la hipnosis es precisamente la
sensación de falta de esfuerzo, compréndase que
los hipnotizados puedan confundir tan fácilmente
un imaginado suceso pretérito con algo en verdad
sucedido hace mucho. Y también así es posible
que algo meramente imaginado pueda llegar a
introducirse como un episodio en la historia de
nuestra vida.
Este efecto
ha sido comprobado en numerosos estudios. Por
ejemplo, a sujetos a los que se ha hipnotizado
con facilidad se les suele poder inducir a que
refieran con toda suerte de detalles
acontecimientos de los primeros meses de su
vida, aun cuando en realidad tales eventos nunca
ocurrieran y por más que, sencillamente, los
adultos no tengan ninguna posibilidad de
recordar la primera infancia. Cuando se les
propone regresar a la infancia, los sujetos muy
hipnotizables se comportan de una manera más o
menos infantil, son con frecuencia muy emotivos
y pueden después insistir en que han estado
reviviendo de veras su infancia. Pero las
investigaciones confirman que esas respuestas no
son en modo alguno auténticamente infantiles. No
lo son siquiera la pronunciación, los gestos, la
emoción, la percepción, el vocabulario, las
formas de pensar. Esas actuaciones tienen tan
poco de infantiles como las de los adultos
cuando juegan a remedar a los niños. Resumiendo,
en la hipnosis no hay nada que capacite al
sujeto para superar la naturaleza y las
limitaciones básicas de la memoria humana; a
nadie le permite exhumar recuerdos que tengan
decenios de antigüedad ni recorrer hacia el
pasado, desandándolo, el desarrollo de su
existencia.
PARA QUE
SIRVE LA HIPNOSIS
¿Cuáles son, pues, los beneficios médicos de la
hipnosis? Un grupo de asesores técnicos del
Instituto Nacional de la Salud estadounidense
declaró en 1996 que la hipnosis es un
procedimiento eficaz para aliviar el dolor en
los casos de cáncer y de otras enfermedades
crónicas. Numerosos estudios clínicos indican
también que puede reducir el intenso dolor que
sufren los pacientes en el desbridaje de
quemaduras, los niños al extraérseles médula
ósea y las mujeres al parir. Por ejemplo, según
un meta-análisis publicado en un reciente número
especial del International Journal of Clinical
and Experimental Hypnosis, las sugestiones
hipnóticas aliviaron el dolor del 75% de los 933
sujetos que participaron en 27 experimentos
diferentes. El efecto analgésico de la hipnosis
es frecuentemente muy notorio y en algunos casos
el grado de alivio que proporciona es igual o
superior al que se consigue con la morfina.
Pero la
Sociedad de Hipnosis Clínica y Experimental
mantiene que la hipnosis no puede, y no debe,
ser la sola y única intervención médica o
psicológica para todo trastorno. La razón de
ello es que todo el mundo que sea capaz de leer
un escrito con algún grado de expresividad puede
aprender a hipnotizar a cualquiera. Quien tenga
un problema médico o psicológico deberá ante
todo consultar a un profesional sanitario
cualificado para que le haga un diagnóstico. Ese
especialista será el que mejor podrá decidir con
el paciente si la hipnosis es aconsejable en su
caso y, de serlo, cómo incluirla en su
tratamiento.
La hipnosis
puede hacer más eficaz la psicoterapia para
algunos estados morbosos. Según otro
meta-análisis en el que se examinaron los
resultados conseguidos por los sujetos de 18
estudios separados, aquellos pacientes que
recibieron psicoterapia de la conducta más
hipnosis para trastornos como obesidad,
insomnios, angustia e hipertensión mostraron
mayor mejoría que el 70% de los tratados sólo
con psicoterapia. Tras la publicación de estos
datos, un grupo de investigadores pertenecientes
a la Sociedad Psicológica de América validó la
hipnosis como procedimiento añadido para el
tratamiento de la obesidad. Pero aún se está
estudiando si sirve para otros trastornos con
componente conductual. La drogadicción y el
alcoholismo no responden bien a la hipnosis y no
hay pruebas inequívocas de que ayude a dejar de
fumar.
Dicho esto,
hay muchas aunque aún no definitivas pruebas de
que la hipnosis puede ser un factor eficaz en el
más amplio tratamiento de otros estados
morbosos. En un orden aproximado de tratabilidad
mediante la hipnosis se cuentan entre ellos: un
subgrupo de asmas; algunas afecciones
dermatológicas, incluidas las verrugas; el
síndrome de colon irritable; la hemofilia; y la
náusea asociada a la quimioterapia. Se desconoce
el mecanismo por el que la hipnosis alivie estos
trastornos. Las hipótesis de que aumente la
inmunidad del organismo en cualquier aspecto
clínicamente importante carecen hoy por hoy de
fundamento. Hilgard predijo hace ya más de 30
años que, a medida que se fuese difundiendo por
la comunidad científica el saber acerca de la
hipnosis, tendría lugar un proceso de
"familiarización" con la misma: los
investigadores recurrirían cada vez más a menudo
a esta técnica, que llegaría a ser un
instrumento habitual en el estudio de otros
temas interesantes, como la alucinación, el
dolor y la memoria. Pronosticó también que, una
vez basado científicamente, el uso clínico de la
hipnosis acabaría siendo de lo más normal para
algunos pacientes con problemas especiales.
Aunque actualmente no estemos todavía en eso, es
indudable que la hipnosis ha progresado mucho
desde que requiriera el balanceo de un reloj de
bolsillo.
El autor
MICHAEL R.
NASH es profesor asociado de psicología en la
Universidad de Tennessee en Knoxville y redactor
jefe del International Journal of Clinical and
Experimental Hypnosis. Doctorado por la
Universidad de Ohio en 1983, trabajó aquel mismo
año como clínico interno en la facultad de
medicina de la Universidad de Yale. Ha publicado
dos libros de investigación, uno sobre los
fundamentos de la hipnosis y otro sobre los del
psicoanálisis, ambos en coautoría con Erika
Fromm, de la Universidad de Chicago. Ha
publicado numerosos trabajos sobre temas como la
memoria humana, la patología disociativa, los
abusos sexuales, la psicoterapia y la hipnosis,
habiendo recibido numerosos premios por sus
investigaciones y estudios clínicos.
Bibliografía
complementaria
Hypnosis for the Seriously Curious. Kenneth
Bowers. W. W. Norton, 1983. Contemporary
Hypnosis Research. Erika Fromm y Michael R. Nash.
Guilford Press, 1992.
LAS
REGRESIONES
REGRESIONES Son métodos místicos, que se
practican desde hace milenios en diversos
templos de Oriente. Redescubiertos hace poco, se
vienen aplicando para tratamientos de tipo
psicológico o psiquiátrico, cuando realmente su
utilidad mayor es para fines de crecimiento del
Ser Interior. Su base es muy parecido al
hipnotismo, sin embargo, la profundidad es mucho
mayor y permite llegar a solucionar inclusive
problemas de tipo trascendental como el
desarrollo de chakras, limpieza del aura y los
de tipo material, espiritual, físicos,
programaciones cerebrales, creatividad, etc.
A raíz de la
amplia difusión de las regresiones por el libro
del Dr. Brian Weiss, se ha dado por hecho que
las regresiones pueden curar muchas enfermedades
y saberse de las vidas anteriores que alojaron a
la energía que nos da la vida o espíritu. Ello
es cierto, pero la importancia no radica tan
solo en ello.
Se pueden
acceder a muchas cosas de planos elevados, no
solo las canalizaciones de Maestros o Seres de
otras dimensiones probadamente demostrado, sino
que permite ir corrigiendo el karma, trascender
los esquemas astrológicos, cambiar destinos y
predisposiciones natales, convirtiendo las
regresiones en herramientas muy importantes para
aquellos que están en la Gran Búsqueda y que al
igual que la astrología, feng shui, yoga, tai
chi, permite trabajar energéticamente y corregir
tantas cosas dentro del plano de la evolución o
rueda del samsara e ir eliminando las cosas que
no dejan avanzar en el Sendero.
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