|
LOS
ESENIOS
Muchas
personas se han mostrado asombradas al descubrir
que hace dos mil años, una fraternidad de
hombres y mujeres santos vivían juntos en una
comunidad y portaban las semillas de la
cristiandad y la futura civilización occidental.
Esta hermandad que era más o menos perseguida y
mantenida en el ostracismo daría personas que
cambiarían la faz del mundo y el curso de la
historia. Sin duda, casi todos los principales
fundadores de lo que luego se denominó la
cristiandad fueron esenios: Santa Ana, José y
María, Juan el Bautista, Jesús, Juan el
Evangelista, etc. Los esenios se consideraban
separados a sí mismos, no por causas externas,
como el color de la piel, el pelo, etc., sino
porque la iluminación de su vida interna y su
conocimiento de los ocultos misterios de la
naturaleza eran desconocida para otros hombres.
También se
consideraban un grupo en el centro de todos,
porque cualquiera podía formar parte de su
Fraternidad tan pronto pasaran con éxito las
pruebas selectivas. Una de sus más grandes
preocupaciones era protegerse de cualquier
contacto con espíritus del mal, para poder
preservar la pureza de sus almas. Sabían que
estarían en la tierra durante un corto período
de tiempo y no querían prostituir sus almas
eternas. Fue esta actitud, esta estricta
disciplina, esta absoluta negativa a mentir o a
comprometerse, lo que les hizo objeto de
muchísimas persecuciones a través del tiempo.
Los esenios se consideraban guardianes de las
Divinas Enseñanzas. Poseían un gran número de
manuscritos muy antiguos, algunos de los cuales
databan del inicio de los tiempos. Una gran
parte de los miembros de la Escuela pasaban el
tiempo descifrando sus códigos, traduciéndolos a
varias lenguas, reproduciéndolos para perpetuar
y preservar este avanzado conocimiento, y
consideraban este trabajo como una tarea
sagrada.
Los esenios
sabían diferenciar entre las almas que aún
estaban dormidas, las que estaban sólo medio
despiertas, y las despiertas. Su tarea era
ayudar, consolar y aliviar a las almas dormidas,
tratar de despertar a las que estaban a medias,
y dar la bienvenida y guiar a las almas
despiertas. Sólo las almas que se consideraban
despiertas podrían recibir la iniciación en los
misterios de la Fraternidad esenia, integrada
por hombres y mujeres. Entonces comenzaba para
ellos el sendero de evolución, que ya no se
detiene más a través del ciclo de sus
encarnaciones. A pesar de algunos temores y
bromas, debido principalmente al rechazo a
aquello que se desconoce, las personas sentían
en general respeto y estimación por los esenios,
por su honestidad, su pacifismo, su bondad, su
discreción, y su talento como sanadores,
dedicados tanto a los pobres como a los ricos.
Las gentes sabían que muchos grandes profetas
hebreos provenían del linaje de la Escuela
esenia.
Es más, aún
cuando la Fraternidad era muy estricta sobre las
leyes secretas en relación con su doctrina
interna, cultivaban muchos puntos de contacto
con las personas, principalmente a través de los
sitios donde daban alojamiento a peregrinos de
todo horizonte, proporcionando ayuda en los
períodos difíciles, y especialmente a través de
la sanación de los enfermos. Estos sitios donde
se impartían las enseñanzas básicas y se
practicaba la sanación estaban localizados en
lugares que tuvieran acceso público para que
todas las personas pudieran acudir.
|