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Para
entender la enfermedad, su objetivo, su esencia y su
sanación, debemos comprender parcialmente el motivo de
nuestro ser y las leyes de nuestro Creador en relación a
nosotros mismos.
Es
de gran importancia reconocer que el ser humano tiene
dos aspectos: uno espiritual y otro físico, siendo de
estos dos factores el físico el que es infinitamente
mucho menos importante.
Bajo la dirección de nuestro yo espiritual, de nuestra
vida inmortal, el hombre ha nacido para acumular
conocimientos y experiencias y perfeccionarse como un
ser físico. El cuerpo físico solo, sin conexión con la
dimensión espiritual, es una envoltura vacía, un corcho
sobre el agua. Pero cuando está unificado con la parte
espiritual, entonces la vida es una alegría, una
aventura que a capara totalmente todos nuestros
intereses, un viaje que nos trae suerte, salud y
conocimiento.
Nuestra alma nos coloca en las situaciones de la vida y
nos da el trabajo- ya sea limpiador de zapatos o señor,
príncipe o mendigo -que es más idóneo para nuestra
evolución y donde mejor podemos aprender la necesaria
lección. Da igual la posición que siempre hayamos
tenido, la única necesidad reside en cumplir el trabajo
particular que se nos ha asignado y todos se volverá
bueno. Enfermedad es la consecuencia de un conflicto
cuando la personalidad se niega a obedecer los
mandamientos del alma, cuando existe desarmonía,
enfermedad, entre el elevado y espiritual yo y la
personalidad, más baja, que conocemos como nosotros
mismos.
La
causa de la enfermedad pretende provocar que acabemos
con una errónea manera de proceder. Es el método más
eficaz para poner nuestra personalidad en armonía con
nuestra alma. Si no existiera el dolor ¿cómo
podríamos saber entonces que la crueldad duele?
Si nunca sufrimos una pérdida, ¿cómo podríamos
jamás reconocer el padecimiento que se produce con el
robo? A decir verdad, deberíamos aprender
nuestras lecciones a nivel espiritual para , así,
ahorrarnos el sufrimiento corporal, pero a muchos de
nosotros les sería imposible. Y es por este motivo por
lo que se nos ha otorgado la enfermedad, para acelerar
nuestra evolución. Aún cuando al considerar
superficialmente la enfermedad, ésta pueda parecer
cruel, es en esencia beneficiosa. Es el método aplicado
por nuestra propia alma fraternal para conducirnos al
camino del entendimiento.
Por lo tanto, nuestro trabajo como médicos se puede
representar a grandes rasgos de la siguiente manera;
estudiar la naturaleza humana de forma que estemos en
situación de ayudar a nuestros pacientes a adquirir un
conocimiento sobre ellos mismos y aconsejarles sobre la
manera de poder armonizar su personalidad con su alma,
prescribiéndoles, además, los remedios beneficiosos que
elevan las vibraciones de la personalidad. De esta
manera se desarrolla la virtud necesaria para
restablecer la armonía entre el yo más alto y el más
bajo, que tiene como consecuencia la salud completa.
Extracto del libro "Escritos y Conferencias" del Dr.
Edward Bach
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